El norte de Portugal combina como pocos destinos la calma costera y el pulso monumental de las grandes urbes históricas. Si buscas una escapada redonda de 48 horas, combinar Aveiro —con sus canales y su ambiente marinero— y Oporto —repleta de azulejos, miradores y cuestas con carácter— es un plan perfecto tanto en coche como en tren.
La jornada comienza junto a la ría de Aveiro. Conocida popularmente como la «Venecia de Portugal», su identidad gira en torno a sus canales y a los moliceiros: barcas tradicionales de colores vivos, proas curvadas y paneles decorativos pintados a mano. Originalmente dedicadas a recolectar el moliço (algas para abono agrícola), hoy ofrecen el clásico paseo acuático para contemplar las fachadas Art Nouveau desde el agua.
A pocos pasos de los canales, la Igreja da Misericórdia sorprende con su portal renacentista de piedra sobre un frontal cubierto de azulejos tradicionales en azul y blanco. Muy cerca, la Sé de São Domingos (Catedral de Aveiro), fundada en el siglo XV como convento dominico, conserva en su interior un retablo barroco de gran valor patrimonial.
A solo 10 minutos por carretera se encuentra Costa Nova, una estrecha lengua de arena entre la ría y el océano Atlántico.
- Los palheiros: Antiguos almacenes de pescadores reconvertidos en pintorescas casas de madera pintadas a rayas verticales en rojo, azul, verde y amarillo.
- Pasarelas y dunas: Tras las viviendas, unas pasarelas de madera cruzan el sistema dunar para desembocar en una playa atlántica abierta, ideal para contemplar la puesta de sol.
El domingo arranca en la Praça da Liberdade, en el extremo sur de la monumental Avenida dos Aliados. Subiendo hacia la zona comercial, la Igreja de Santo Ildefonso destaca por su imponente fachada decorada con más de 11.000 azulejos colocados en 1932. En la cercana Praça da Batalha todavía se puede ver circular el clásico Tranvía 22.
Ubicada en la parte alta de la ciudad, la Catedral de Oporto es una visita imprescindible:
- El edificio: Una estructura que data del siglo XII, con adiciones barrocas posteriores.
- El claustro gótico: Decorado con paneles de azulejos barrocos que narran escenas religiosas y mitológicas.
- Terreiro da Sé: La plaza exterior ofrece una panorámica sobre los tejados rojos del casco histórico y la Torre de los Clérigos. Además, aquí se encuentra el mojón con la vieira que marca el arranque tradicional del Camino Portugués a Santiago.
Descendiendo hacia el centro se ubica la Estação de São Bento, cuyo vestíbulo principal está cubierto por unos 20.000 azulejos que relatan episodios clave de la historia de Portugal. Desde allí, el recorrido continúa hacia:
- Torre dos Clérigos: El campanario barroco de 75 metros de altura diseñado por Nicolau Nasoni (con 240 escalones hasta su mirador).
- Igrejas do Carmo e dos Carmelitas: Dos templos contiguos separados por una insólita casa de solo un metro de ancho.
La parada gastronómica obligatoria en Oporto es la Francesinha: un contundente sándwich relleno de carnes, cubierto de queso fundido, bañado en una salsa caliente a base de tomate y cerveza, y coronado habitualmente con un huevo frito.
Para cerrar el itinerario, cruzar a pie el tablero superior del Ponte Luís I permite admirar una de las mejores postales del río Duero, con las bodegas de Vila Nova de Gaia a un lado y el barrio de la Ribeira al otro, donde descansan los tradicionales barcos rabelos sobre las aguas.
- Desplazamiento entre ciudades: La distancia entre Aveiro y Oporto es de unos 75 km (apenas 45 minutos en coche por autopista de peaje o 40-50 minutos en tren regional/urbano desde la estación de São Bento o Campanhã).
- Calzado: Oporto tiene cuestas pronunciadas y calles empedradas; conviene llevar calzado cómodo para caminar.
- Entradas: Monumentos como la Sé, la subida a los Clérigos o las visitas a pie por el centro histórico conviene planificarlos por la mañana para evitar colas.
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